viernes, 17 de febrero de 2012

Colores de vida

Iniciar suele ser difícil pero dar el primer paso basta para poder continuar caminando.

Creo en la posibilidad y la magia del "cambio" y a lo largo del camino me he dado cuenta que una vida sin colores no tiene sentido. Cada detalle dibujado en la gran obra maestra hace que ella sea única en el mundo. Hay partes que son difíciles de pintar pues cargan consigo bastante oscuridad pero la solución no es intentar cambiarlas sino cambiar la forma en la cual las observamos, ellas están ahí y ya no hay como borrarlas.

Ahora bien, llega la parte de los colores. Existen tonos, temperaturas y brillos diferentes, tengo certeza que no existen dos bandejas de colores iguales y de esa manera cada obra de arte sobre la tierra es pintada por sus propios tonos y por los de aquellos de los cuales se ha dejado pintar.

El problema llega cuando vemos nuestra bandeja vacía o no logramos percibir la diferencia entre los colores y peor aún, cuando nuestro lienzo no se deja pintar, es ahí cuando se hace necesario un "alto en el camino", un silencio en el corazón y una mirada cariñosa a cada una de las marcas y los trazos allí plasmados. Es necesario resignificar el lienzo y amorosamente intentar pintar de nuevo, sin importar que al principio los colores aún estén sin ganas de pintar. Poco a poco la gran obra vuelve a vivir y con el tiempo sus colores se hacen cada vez mas fuertes y se impregnan en el lienzo de tal manera que nunca nadie pueda ni si quiera intentar borrarlos.

La experiencia de pintar se complementa con la de "ser pintado" y afectarse con cada nueva bandeja constituye, para mí, el sentido de la existencia del lienzo y de aquel que nos lo regaló para que pudiéramos pintarlo a vontade.



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